En un escenario económico donde la inflación perfora los bolsillos de los hogares, los datos recién publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) revelan una paradoja en el panorama laboral español. A pesar de un incremento generalizado en los salarios, se registra un fenómeno inusual: el sueldo de los trabajadores temporales alcanza máximos históricos mientras que los empleados indefinidos experimentan una caída en sus ingresos, marcando así un hito en la historia salarial del país.
El sueldo medio bruto en 2022 ha alcanzado los 2.128 euros mensuales, el nivel más alto desde el inicio de la serie histórica en 2006. Este aumento del 2% con respecto a 2021 marca seis años consecutivos de incrementos salariales, luego de una disminución en 2016, que fue la primera en una década. Sin embargo, esta aparente bonanza salarial no se distribuye equitativamente entre todos los trabajadores.
El informe del INE revela que, por primera vez, el sueldo de los trabajadores temporales experimentó un notable ascenso del 6,16%, alcanzando los 1.684 euros brutos al mes. Esta cifra representa la mayor subida en los últimos tres años y establece un nuevo récord salarial para los empleados temporales en España, superando por primera vez la barrera de los 1.600 euros mensuales.
Este incremento positivo en los sueldos temporales se atribuye a varios factores, entre ellos, la mejora de los márgenes empresariales, la firma de nuevos convenios y el aumento progresivo del salario mínimo aprobado por el Gobierno en los últimos años, llevándolo a los 1.080 euros en 14 pagas. No obstante, la situación para los trabajadores indefinidos pinta un panorama menos alentador.
En contraste con el auge de los sueldos temporales, los empleados con contratos indefinidos han experimentado una disminución del 0,2%, pasando de ganar 2.252 euros en 2021 a 2.247 euros en 2022. Aunque esta caída no se traduce en una pérdida salarial masiva, tiene implicaciones importantes.
En primer lugar, la caída de los salarios indefinidos en un contexto de inflación significa que los trabajadores están perdiendo poder adquisitivo no solo debido al recorte salarial, sino también por la pérdida en términos reales derivada del aumento de precios. En segundo lugar, y quizás más significativo, es la primera vez en la historia que los salarios de los temporales superan a los de los fijos en términos de crecimiento.
La pérdida salarial de los trabajadores con contratos indefinidos podría estar vinculada al auge de los fijos-discontinuos y su impacto en las estadísticas salariales. Con un aumento significativo en la cantidad de empleados con este tipo de contrato, que rozó el millón en 2023, se observa una posible conexión con la disminución de los salarios indefinidos.
La modalidad de fijos-discontinuos, a pesar de contabilizarse como contratos indefinidos en las estadísticas, conlleva algún grado de temporalidad en la práctica. Este tipo de contratos, surgidos como respuesta a la limitación de la contratación temporal por la reforma laboral, se han popularizado en sectores estacionales como el turismo y la agricultura, donde las empresas dependen en gran medida de empleados temporales.
La caída en el sueldo de los trabajadores indefinidos en 2022 podría ser un reflejo de la precariedad asociada al aumento de contratos fijos-discontinuos. Al incluir más empleados de menor valor añadido en las estadísticas, el salario medio general tiende a disminuir.
En conclusión, mientras los salarios temporales alcanzan cifras históricas, la disminución de los sueldos indefinidos en 2022 plantea interrogantes sobre la estabilidad y equidad en el mercado laboral español. El fenómeno de los fijos-discontinuos emerge como un factor clave en esta dinámica, resaltando la necesidad de abordar las desigualdades salariales y la precariedad laboral de manera integral.